"Noche de paz", para que haya paz: Reflexión para el Cuarto Domingo de Adviento

Reflexión del Rev. Alexis Salgado Obispo de la Iglesia Luterana en Chile (ILCH) para el Cuarto Domingo de Adviento de 2019

 

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"Dios es el que a nosotros y a ustedes nos ha afirmado al unirnos a Cristo, y nos ha consagrado" 2 Corintios 1:21

Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor, estas líneas se cantarán por centenas o miles durante la noche buena, en los diferentes cultos y en los hogares, se canta a la paz, se canta al amor, porque simplemente, no hay paz y no hay amor y muchos ni siquiera pueden dormir.

Nuestra América está convulsionada durante estos días, ya desde tiempos remotos no ha tenido descanso, hay personas que se han levantado por las injusticias, hay movimientos que cada cierto tiempo aparecen para hacer de este mundo algo más humano, el mundo se convulsiona ¿y porqué?  Porque falta paz y justicia en la tierra.   Quizás sea esta canción para noche buena una oración a Dios, y se pueda transformar en un clamor a Dios, pidiendo paz, esa que solo él puede dar, esa paz que se inicia en el pesebre y se concreta en el Calvario donde la primera paz que obtenemos es esa relación restaurada con nuestro Salvador.

El ser humano es único en esta vida, pero no valora ni se valora, piensa en el yo, se encierra en su individualismo y se enoja -como decimos- hasta con su propia sombra.  En medio de esta realidad los cristianos y las cristianas estamos llamados a generar una forma de vida que trae alegría y esperanza.  Es así que, el texto de Pablo en la Segunda Carta de Corintios 1:21 nos invita a ver que “Dios mismo en Jesucristo es quien nos conforta”, él esta y estará en medio del valle de la sombra y de la muerte, nosotros estamos en el plan de Dios, estamos en sus manos, y -como el mismo Pablo lo señala- si Dios es con nosotros ¿quién contra nosotros?  

Es Dios mismo quien con nosotros, es Dios mismo quien -en la figura de Jesús- viene hasta nosotros en Belén y sufre como el ser humano contemporáneo también sufre, y desde esa encarnación, que nos habla solo de amor y de donación de Dios por nosotros, nos hace renacer cada año en la alegría del nacimiento.    Si, porque, muchas veces, estamos viviendo en la exclusión de la sociedad que no tiene un lugar para nosotros, en la soledad de la fría noche,  en la miseria hedionda de un lugar de animales, cuando nos sentimos así, en nuestro propio pesebre, recuerda, Dios nació ahí, y desde ese lugar nos hizo renacer a una esperanza nueva que se fortalece cada mañana.

Hoy nos encontramos con esa renovación y con quien nos conforta diciéndonos: “Yo hago nueva todas las cosas.”

Rev. Alexis Salgado

Obispo de la Iglesia Luterana en Chile - ILCH